En la reunión, te callas.
Lo entiendes casi todo. Pero cuando te toca hablar, no sale.
- Preparas la frase y, cuando llega tu turno, se te va.
- Traduces en la cabeza y llegas tarde a la conversación.
- Dices «yes, yes» sin haber pillado la pregunta.
- Has dejado pasar un puesto o un proyecto por el inglés.
Sabes más de lo que demuestras. Y eso es lo que más rabia da.
